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Aprender a decir que NO

 
Mucha gente me pregunta cómo soy capaz de hacer tantas cosas. En cambio, mis amigos siempre me preguntan si no estoy haciendo demasiadas.
 
Y tienen razón. Hacer una única cosa bien, por simple que sea, ya es extremadamente complicado. Para hacer las cosas bien, no hay atajos ni fórmulas secretas. Además de una mínima pericia, necesitaremos tiempo, mucho tiempo. Y una de las herramientas más poderosas que conozco para conseguirlo es saber decir que NO.
 
Por el número de proyectos e iniciativas en los que estoy involucrado, es evidente que aún no la domino, pero estoy aprendiendo.

Cuando estaba pensando en dar el salto y dejar la seguridad de una nómina para ponerme a hacer cosas, le pregunté a mi amigo Molpe cómo se conseguían clientes o proyectos. Él me contestó que, simplemente, bastaba con que la gente supiera que estabas disponible. Y es verdad.

En los últimos meses, he dicho NO a participar/organizar/hablar en varios eventos, dar clases en al menos un par de masters, colaborar con startups de varios amigos y hasta a una propuesta para escribir un libro, sin que haya tenido que inventar la fusión fría para conseguirlo.
 
Decir que no es mucho más difícil que decir que sí. Es incómodo y doloroso, pero imprescindible si queremos proteger nuestro tiempo.
 
Uno de los NOs más duros que puedes dar cuando estás empezando es el que se da a un cliente que acude a ti con el ánimo de contratarte. Hay que tener las ideas muy claras -o estar loco- para rechazar una fuente de ingresos en los tiempos que corren.
 
Sé que poder decir que NO es un lujo que no todo el puede permitirse. Yo no me considero más valiente que nadie y tampoco un visionario. Simplemente, he tenido la oportunidad de construir un entorno que me permite decir que NO.
 
Tener unos mínimos ahorros y un estilo de vida acorde a los mismos ayuda bastante, pero no es lo más importante. Si hoy por hoy puedo decir que NO, es gracias al apoyo de unos socios que comparten mi misma visión y la alimentan.
 
Es difícil no perder la serenidad después de según que NOs: a una reunión importante, a un potencial inversor o a una oportunidad de marketing. Todo NO parece siempre una oportunidad perdida, pero, si de verdad lo era, volverás a tenerla.
 
Decir que NO puede ayudarte a modelar tu negocio. Decir que NO puede conseguir que tu trabajo se revalorice. Decir que NO puede ayudarte a ganar la confianza y el respeto de tus clientes. Eso sí, tan importante como decir que NO es saber como decirlo.
 
Si rechazas una propuesta o una petición, lo mínimo que puedes hacer es explicar con celeridad, sinceridad y respeto por qué lo haces. Una cosa es centrarte en tu objetivo y otra ignorar al mundo. No olvides que, si quieres hacer algo, SIEMPRE necesitarás la ayuda de los demás.
 
Siempre habrá alguien que se molestará, es inevitable. Pero, probablemente, será alguien a quien también habrías acabado molestando con tu ética de trabajo.
 
Porque un NO también sirve para definir quiénes somos o quiénes queremos ser. Se puede decir NO a pagos a 90 días, a comisiones por simples recomendaciones, a subvenciones públicas o a promocionar ofertas de trabajo que no incluyen el rango salarial. Eso no te hará mejor o peor que otros, sólo consecuente.
 
Creo que este país sería mejor si más y más gente tuviera la posibilidad de decir que NO. Pero es un arte muy difícil. Cuando creía que lo tenía dominado, mi hija de cinco meses me recuerda cada día lo fácil que es decir SÍ.
 


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